El desahucio de la verdad

La Mari, la Olga y el problema de la verdad

Carlos Cobo

10/7/20263 min read

Mari Carmen tiene 87 años. Vivía desde 1956 en el mismo piso de Madrid. Tenía reconocida una discapacidad del 50%. Fue desahuciada el 23 de septiembre y salió en camilla.

Todo eso es cierto. También lo es algo bastante menos cómodo: no fue expulsada simplemente por una “ley franquista”. La limitación de las subrogaciones que terminó siendo decisiva procede de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, aprobada durante el Gobierno de Felipe González.

La verdad tiene la desagradable costumbre de arruinar carteles.

Pero ojo, personalmente no me sirve la versión contraria. Una versión favorable al propietario no convierte automáticamente en sensato que una señora de 87 años abandone la casa en la que ha vivido setenta. Confundir legalidad con justicia social es una de las formas más elegantes de no pensar.

Y entonces apareció la fotografía. Una anciana, una camilla y en Madrid. El caso explotó.

Miles de personas han salido a las calles. Tras escuchar a varias de ellas, da verdadera pena ver la estrechez de miras de algunas, por no decir que a más de uno parece faltarle un hervor. Pero en fin, nadie es perfecto en la viña del Señor. En teoría, la movilización no señalaba únicamente al PP, los convocantes responsabilizaron al Gobierno de España, a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento. Ahora bien, la tendencia ideológica tenía un color bastante marcado.

Después, llegó la politica profesional que posee un instinto extraordinario para detectar sufrimiento rentable. Hace unos días aprobó dos reales decreto-leyes. Uno regulaba desde desahucios y alquileres temporales hasta fiscalidad, compra de vivienda y sociedad anónima cotizada de inversión en el mercado inmobiliario. El otro modificaba profundamente la estabilidad y renovación de los contratos de alquiler. Ambos han terminado siendo rechazados.

Hago un inciso: se puede estar en contra de los desahucios de personas vulnerables y estar en contra de los dos reales decretos-leyes. Es mi caso.

Sigo por donde me he quedado.

Y ocurrió lo previsible. Desde un lado se presento el voto como una elección moral: proteger a gente como Mari Carmen o abandonarla.

Desde el otro se habló de intervencionismo, inseguridad jurídica y destrucción de la oferta.

Los dos relatos contienen una parte de verdad y los dos mutilan la realidad para que quepa en televisión.

Proteger a un inquilino vulnerable no destruye necesariamente el mercado, pero tampoco existe una ley económica según la cual aumentar indefinidamente las obligaciones del propietario jamás afectará a la oferta.

Construir más vivienda es imprescindible, pero decirle a quien va a perder su casa mañana que dentro de siete años habrá más oferta es una broma bastante cruel.

Hablemos de Olga, la mujer de 54 años y dos hijos. Había vivido más de 20 años en una vivienda de L´Hospitalet. Fue desahuciada el 15 de abril. La víspera había recibido atención medica por episodios graves de ansiedad e ideación suicida. El 7 de septiembre murió por suicidio. No creo que sea responsable afirmar que el desahucio “causó” su muerte; sí es responsable reconocer que su extrema vulnerabilidad previa estaba documentada

L´Hospitalet está gobernada por el PSC, que cuenta con 13 de los 27 concejales del consistorio, La Generalitat la preside Salvador Illa.

¿Por qué unas tragedias alcanzan temperatura nacional y otras no?

No tengo pruebas de que exista una orden partidista, no tengo pruebas de conspiración mediática, por tanto, no voy a inventarla. Ahora bien, tampoco tenemos la obligación de ser idiotas.

Los políticos seleccionan símbolos constantemente, los medios seleccionan historias, los movimientos seleccionan casos capaces de movilizar. Las oposiciones seleccionan víctimas ocurridas bajo gobiernos adversarios y estos descubren súbitamente la complejidad cuando el desastre sucede bajo administraciones propias.

Y luego, todas estas ratas lo llaman sensibilidad social.

La izquierda tiene la tentación de apropiarse del sufrimiento hasta convertir cualquier discrepancia económica en sospecha moral y la derecha tiene otra: refugiarse en la propiedad y la oferta hasta conseguir que un drama humano parezca únicamente un problema de contratos.

Los movimientos sociales tienen la suya: simplificar la realidad compleja porque una manifestación necesita culpables reconocibles.

Y los medios tienen la tentación más vulgar de todas:

necesitan imágenes.

Olga sufrió, Mari Carmen sufrió, pero esta salió en camilla delante de las cámaras y ahí, comprendimos de repente que España tiene un problema de vivienda.

Indecente es necesitar una víctima perfecta para hacer visible aquello que las estadísticas y los expertos llevan años gritándonos.

Después llegan las siglas y pelean por quedarse con el cadáver simbólico.

Y es ahí donde se consigue el milagro español:

convertir dos tragedias humanas en un debate sobre quién puede utilizarlas mejor.

Cuando la compasión necesita consultar primero el mapa electoral, ya no es compasión, es propaganda.

PD:me avisan por el pinganillo que al final, el señor presidente ha aprobado los decretos de una forma un tanto peculiar...

Un saludo, Carlos Cobo